miércoles, 27 de febrero de 2013

JORGE JUDAH CAMERON-LORELEY-ARGENTINA




1

LORELEY
                                                                                                                                     
Todos los días, a la misma hora, sensible y extasiado contemplaba su figura venir a mí, envuelta en el aroma de las flores más perfumadas y moribundas, bañándose la piel de aquella fragancia de blandas rosas que nos unió para siempre. Loreley, mi Loreley, la única, la más bella entre las bellas meciendo sus cabellos rojizos con los últimos destellos del atardecer. Durante horas, recostados sobre los verdes campos y abrazados en consonancia con las aves, que, paseándose sobre nosotros, sonorizaban nuestro amor... ¡Dios, cuanto reíamos sin dejar de besarnos!      Loreley, la única, la más amada entre las mujeres de esta Tierra. Ellos nos separaron pensando que todo terminaba con esa injusta actitud, autoritaria y medieval, de pensar que un pobre no puede amar a una aristócrata, o un judío enamorarse de una mujer cristiana sin tener que pasar por la censura de los hipócritas. Intentaron asesinarnos al hallarnos desnudos sobre el heno en aquella dorada caballeriza del padre de Loreley, mi amada. Pero nuestro amor pudo más. Logramos huir por los techos de la mansión hasta un río donde perdieron el rastro de nuestros cuerpos en fuga. Heridos, sangrando juventud en cada lágrima, nos alejamos de aquel lugar y de sus vidas para siempre.                                                  El amor nos mantuvo unidos, hasta hoy, lejos de la soberbia, la avaricia, la ignominiosa tortura a la que fuimos sometidos durante tantos años. Ni la muralla más alta sería impedimento si la perdiera. Nada lograría detenerme. Desbordante mi pasión lamería sus huellas como un lobo herido por los cielos y los mares, y si fuera el inframundo aquello interpuesto entre ella y yo, bajaría cual Orfeo al Hades a buscarla entre los muertos a esa venerada mujer por mí llamada Loreley, y en mis brazos la traería vaciándonos en el beso más profundo que recuerde ser alguno. Y si acaso no pudiese retornarla yo con ella sufriría en los fuegos del infierno.
–¡Te amo, Judah! –exclamó.
Así estuvimos hasta que dieron las doce menos un minuto. Nos despedimos tiernamente para volver cada uno a su tumba, hasta el siguiente día, como hace más de un siglo.
                                    *****************************
NOTA:ESTE CUENTO APARECIÓ EN UN DIARIO DE ESPAÑA, PUESTO QUE LORELEY OBTUVO EL PRIMER PREMIO EN EL CENTRO GALLEGO ROSALIA DE CASTRO, DE BUENOS AIRES .
LORELEY-Voz Dolores Sans-4.mp3LORELEY-Voz Dolores Sans-4.mp3
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martes, 19 de febrero de 2013

FRANS GRIS "HOTEL CALIFORNIA"- CHILE





Hotel California (Eagles, 1976)

No hay mucho que ver, escuchar o decir. Más bien a estas alturas ya no tengo nada de nada. Un viejo sombrero blanco ¿blanco? alguna vez lo fue. Al igual que estos pantalones…y la camisa,  que hoy  luce grandes manchas  de sudor y kétchup, en los faldones y bajo los brazos.
                  Y qué?...no iré…estai más loca…no sé nada de ese guitarrista que decís…ese de nombre como de personaje de historietas y de apellido hispano…¿ese de Black magic women?…¿lo conocís o no?
Es pa la risa, me hace reír…como este pitillo…un poco de hierba…papel…
Ándate a la cresta oh… vo creís que es pa ponerse serio me                 conseguí un poco de pasto con el flaco de la esquina, y el papel se lo saque a mi agüela, de una biblia, p´tas que se enojó la vieja oh.
No éramos muchos: una batería, guitarra, bajo, clarinete y saxo…algo simple…poca cosa… algo como una mezcla de jazz y rock, tirando hacia el folclore de las Antillas. Ritmos negros ¿negros? …nada…. creo que con suerte era una mercolanza de un montón de ritmos y na que ver, ni parecida a lo que tocaban esos otros medios jipis de Viña, Los Jaivas…esos le hacían al fusión folc…o como le llamaran, a lo que los hermanos Parra, y el Gato, tocaran. “Mira niñita te voy a llevar a ver la luna ….”
No éramos más que unos campesinos trasplantados, obreros, no más de eso…le robábamos tiempo al sueño, y plata a la bolsa del pan….para instrumentos y discos. Músicos? Noooo. Hooooola músicos…como decíamos por esos días.
Conseguí que mi hermana, la que estudió en las monjas de la Divina Providencia, me hiciera una camisa sin botones y bordada, y un pantalón igual, de osnaburgo. Mi camisa era toda blanca, de mangas de campana y flores blancas…y los pantalones patas de elefante y sandalias…collares y el pelo rozándome los hombros, y los pitos que me daban risa…y todavía…
¿Y qué?  Éramos obreros, estudiantes, vagos…de pelo corto y zapatones de seguridad, overoles engrasados,  de 8,00 de la mañana a 8,00 de la noche, invierno y verano, domingos libres. Textiles, zapateros, liceanos….y qué sé yo qué más.
Y la niña blanca, de muslos de nieve, y piel  de azucenas…esa misma que se quemó los brazos y los pies, tanto que se le marcaron las chalas,  ese día en Piedra Roja. Ese Festival jipi que quiso emular a WOODSTOCK, en el 69, no pasó naa, es que era muy rasca, picante y chicoco. Ese mismo día fue que perdí, y perdió, la virginidad del cuerpo, la otra ya la habíamos perdido que tiempo...  
Por esos días conseguí una tremenda pega, en una fábrica de tejidos…y me compré una Gilera de carreras 125 c/c. roja,  que me daba tremendo caché entre las lolas de mi barrio y los pendejos me seguían con la boca abierta al pasar con mi chaqueta de cuero negra y blue jeans…no usábamos casco…y mi madre se horrorizaba de pensar que alguna vez le entregarían solo una bolsa vacía de vida.
Todas las minas y lolas querían dar una vuelta en la Gili…a la vista de todos…total las viejas igual hablaban. Total…
en una hoja de la biblia de la vieja  me armé un pito…en esa que dice algo de los tiempos y qué sé yo qué más…esta es de la güena, paraguaya…me hace reír y reír…Y en la playa…odio la playa, me lo fumé hasta las uñas…bajo el frío de marzo y la humedad entrando bajo el poncho y una botella de pisco,  amargo…el primero de otras miles y la última…y el aspirar estrellas
total…puros gritos…y pateaduras y fue la mañana de los cohetes…esa mañana que nuestro mundo se dio vueltas y desde allí volvimos los ojos para no ver y nos tapamos los oídos y no escuchar  y nos amordazamos a nosotros mismos…y nos hicimos cómplices…porque muchos no volvieron y otros, los más, no quisieron…así es que arrumbamos los sueños…Todos..todos cavamos fosas comunes en nuestras conciencias y cerramos los ojos, pues no quisimos ver que éramos culpables, responsables, cómplices de las parrilladas…de las violaciones…de los arrancadores de dientes y uñas...Todos…Nadie está libre de toda esa culpa…

Un pito 2.0…recargado…algo nuevo “él que esté libre de culpa…” otra bota de pisco…amargo… llorón…y mi camisa …blanca o ¿gris?  manchada de alcohol bajo los brazos y en los faldones…¿sangre?...
un sombrero que alguna vez…y el pantalón con manchas de orín, y otras más sospechosas…tirado en este catre de hotel sucio con pequeños animalillos grises…serán alcohólicos…es que les gusta mucho chuparme… 
hace ya mucho, como treinta y nueve años …o algo así…que ya no volví…debe ser por la hebra rojinegra que esa mañana anotó en mi piel ese corvo militar. Un relámpago de acero me abrió desde debajo del esternón hasta el hombro derecho
profundo río de guitarras fluyendo, largo y acompasado. Mil luces ardiendo tras los ojos que arden y las lenguas gritando…el tabletear de los casquillos en los suelos y un clarinete….
y los largos días de dolor y muerte diaria
y luego una botella y otra … y Alemania y Suecia…
Y Pisagua o el frío
Y desde esos lugares el largo camino al resto de mi vida y a este colchón sucio
y a esta silla bajo mis pies y hasta este cordel que pende
desde una viga sucia
y veo, lo último, a mis pies sacudiéndose en el umbral
 del silencio



Frans Gris
16 de agosto (1969) 2012
Los Troncos, La Cisterna
Santiago de Chile  


jueves, 14 de febrero de 2013

-"POR CULPA DE STEVEN SPILBERG"- AMÉRICA COMPARINI CHILE




“Por culpa de  Steven Spilberg”


El sonido del motor  zumba e inunda la habitación,
 A cabeza gacha, aprieta fuerte el pié en el acelerador de su vieja máquina de coser Remintong y deja correr rauda  la aguja,  marcando un precioso y  perfecto zig-zag  morado sobre la tela color lila,
_¡Color transmutador”¡_según su Maestra de Reiki.
_Ah ¡ _
Suspirado desde lo más  profundo y asociado, a que  sea la razón,   porque la iglesia, los obispos lo usaban.
 El color del duelo¡ color  que volvía  tenebroso aquellos hábitos colgados a los santos el año 56  los  días de Semana Santa en la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús.
 _Tres días, empezando por el jueves santo  que se guardaba silencio; además la carne  del viernes era prohibida y se contaban miles de historias ejemplificadoras como pagaban su irreverencia los sacrílegos._ 
_¡Los pobres estaban en penitencia eterna¡._
"Jesús y el calvario, se conjugaban en un ceremonial tétrico que asustaba a los niños y hacía apretar con más fuerzas el rosario a las beatas, reprimidas hasta la saciedad, cegadas por dogmas intimidatorios, cuya finalidad era tener a la gente sometida por el terror y no ser, o a ser como aquellas velas gastadas, lagrimeando una gota contrahecha de sebo, para morir solas y desfallecidas en la penumbra, soñando ser bellas lámparas iluminando rostros de  hijos,  de familia hermosa y respirar boca a boca  la sonrisa, los labios de un compañero,  que las hiciera sentir plenas, en el  fabuloso acto de amar."
Mientras apretaba con más fuerza el acelerador de la máquina, los pensamientos rodaban a la par y  crecía un monólogo con preguntas y respuestas infinitas.  
_El amor no es así, nacimos, fuimos creados  para florecer¡
El creador no quiere sacrificios absurdos: "amaos los unos a los otros "como yo os he amado¡
_¡Qué más claro?, los otros son puros cuentos de los barrigones religiosos, que cambiaron la castidad por la gula ¡_
 Expresó convincente, quitándose el alfiler de la boca.
Su  fiel  perra Coca, única compañía, en este devenir de adulta mayor, levantaba una oreja y  le movía el  pellizco de rabo, solidarizando a  su manera.
Amelia, modernizaba una falda,  ropa femenina  que agregaría a su abundante guardarropa de verano, para lucir cuando iba a trabajar diariamente, al corazón de la ciudad, única frivolidad, que aún le  quedaba.
Era hermosa la prenda y  la adquirió en la Feria de su barrio.
Se  la mostró y vendió Estrellita, mujer, luchadora, que conoció hace más de 15 años, con sus dos hijos colgando a la cintura, en un puesto chiquito en la feria y hoy más grande, surtido, festejando orgullosa cuando le  muestra su primer nieto y llega el beso en la  mejilla de su hijo grande, crecido, titulado gracias a puro ñeque y esfuerzo...ahora viajando a Francia a perfeccionarse.
 Atenta, Estrella encantadora, dueña de una ancha y  amorosa sonrisa, que la acompaña siempre, al igual que el cigarrillo en su mano izquierda,  porque la derecha debe estar libre para atender a las clientas y correr rauda moviendo los ganchos y mostrando la mercadería.
Ella es su proveedora de múltiples prendas made in USA,  India,  Hong Kong, Guatemala, Escocia, Uruguay, Francia, Italia,  Singapur y otros  nombres que no recuerda, cientos de países que nunca visitará, pero que sin saberlo, la han adoptado, como una adicta, afición heredada de ese hombre que durante 19 años de su vida, con algunos saltos temporales, fue su compañero, cuasi padre de su hija  y su gran amor. El que sigue  recordando a través de los años, a pesar que la  abandonó  múltiples veces y la hacía sentir desechable.
"_¡Claro él era como aquel  personaje de García Márquez, que golpeaba con su anillo la puerta, llamándola reina y desbaratando en un segundo su vida, él que era como una nave caprichosa, que aparecía en su puerto, a ratos esplendorosa, cautivadora y luego huía,  silenciosamente, sin que ella se diera cuenta dándole un golpe de gracia a su corazón."
_¡Seguro que lo conocí en otra vida,_
_ Estoy curada de espanto con él cómo lo sigo amando y recibiendo en mi casa¡_

_O tavez amando su creación, su retórica, su habilidad para interesarla en los cuentos que le contaba , como Excalibur  y el Caballero alado,  narrado una tarde de invierno, frente a la pequeña plazoleta y la fuente inagotable, o su poesía que hablaba del amor mutuo, aunque  ella ponía en duda de su parte….pero  Ël era su sino, su condena inevitable, pese a todos sus raciocinios… farfullaba con un alfiler en la boca

Recordaba las compras de ropa usada, ese vicio que les  llevaba a recorrer  continuamente la calle Bandera de punta a rabo, y llegar a su nido de amor, exhaustos y felices con una bolsa repleta de  trajes, blusas, camisas, pantalones, chaquetas, chalecos, prendas íntimas, etcétera, confeccionadas en bellas telas, botones, accesorios únicos, bordados, encajes, de hermosos colores, que la invitaban a   desfilar para él, en el living de su casa, transformado en una pasarela, mostrándole las tenidas que formaba, o soñando  las lucirían en tal o cual evento,  en Bellas Artes, alguna Embajada, lugares de la Cultura donde se reunían y disfrutaban juntos, gracias a que él era Director Cultural de un Banco. donde asistían, viéndose estilosos, elegantes con atuendos irrepetibles, nuevos, pero ya usados en su país de origen, por sabe quién similar, homónimo a ellos.
_¡ Dios si que éramos  felices con tan poco,¡ 
Como si visitaran  o fueran las tiendas más elegantes de Nueva York, de París, de  Italia..¡
Entonces era la maravillosa complicidad, el cariño que chorreaba, "eso" que jamás pudo vivir con nadie..
-¿Pero cómo él olvidó todo?_ exclamó limpiándose una lágrima irreverente que corría por su cara y casi tragándose el alfiler.
Luego miró divertida a su perra que roncaba.
Esta abrió un ojo y le dio una mirada de extrañeza, no se explicaba, por qué interrumpía  su sueño, con sus conversaciones tan humanas, acaso no le parecía poco el ruido que hacía con la máquina, sobretodo cuando los fantasmas del pasado la abrumaban. ..
"Por qué ella no era como su raza, que se conformaban con un plato de comida y un poco de ternura y cuando se apareaban lo hacían con cualquiera y luego se desentendían?: los humanos  eran complicados."
Se acomodó, en la alfombra con un pequeño quejido y trató de seguir durmiendo, pero Amelia seguía con su vorágine de recuerdos, palabras de un monólogo fuerte que arremetían, retumbando de pronto en su cabeza y no sabía a pito de qué.
Y de pronto recordó
¡Bastarda, bastarda¡_
¡esa palabra, esa desafortunada  palabra¡  
 ¡Por qué recordó?:
El ruido del motor de la máquina de coser no aplacaba los recuerdos, ni la famosa palabrita.
Calificativo, expresión, que estranguló su corazón, que le perforó el centro del pecho, que  le dolió  tan fuertemente y  que la acompañó toda  la infancia:
Como aquella tarde que el tío más serio, el de los ojos azules, el séptimo hermano, séptima huella, séptimo sello de  aquella familia italiana, exclamara furioso dirigiéndose a su padre:
_¡Cásate “ahora” para que no hayan  más bastardos en la familia¡-
Los “otros bastardos” eran  su prima hermana Antonia y ella…hijas de dos mujeres que amaron con locura a los hermanos, “los gringos”, como les llamaban los vecinos.
 Mujeres leales y apasionadas, con las pretinas bien puestas y que si sabían amar, adelantadas a los prejuicios de la época, cuyos pergaminos requeridos eran insuficientes, para el calificativo de “buena familia”, que en verdad tenía que ver más con el dinero que el linaje o la educación..
  Como bien dicen: la vida es un pañuelo y la diosa  o la rueda de la fortuna es caprichosa.
 Curiosamente, Ruth una de las madres de  las bastardas, era enfermera y  hermana de un  esforzado estudiante universitario, que llegó a ser  abogado y Subsecretario del Interior, hombre de confianza de un  gran presidente de Chile.
Y muy  frecuentemente visto 30 años después en la televisión.
 Y la otra madre Elena, era la suya, hija de un profesor de sordomudos y concertista en diversos instrumentos, provinciano que abandonó sus tierras en San Vicente de Tagua Tagua y huyó a Talagante, después de  robar y casar con su abuela Julia,  joven delicada y dedicada a la poesía y al cuento, que conoció en Santiago mientras estudiaba en la Escuela Normal, subiéndose a la pandereta o muralla de su casa, fascinado por su voz,
Elena la segunda hija, y se hizo cargo a muy temprana edad, de  sus 4 hermanos menores, cuando falleció  el padre a los 42 años.
Su  madre enajenada por la  pérdida del compañero, deambulaba por la casa en camisón como un fantasma o simplemente pasaba largas horas tirada sobre la cama contemplando  el techo, absolutamente ausente de la realidad, mientras sus hijos lloraban, extrañaban al padre amante, o necesitaban cuidados mayores..
Su abuela Julia, fue la hija única de Pierre Y. un joven vasco francés, que llegó en un barco de Europa, al Puerto de Valparaíso, cuya peste diezmó a muchas y a toda su familia
 Su mayor tesoro era Julieta, su joven esposa chilena, la  que  mitigó la pérdida de su familia, alegró sus primeros años de arribo al país, país de las nuevas oportunidades, pero que  murió al nacer su hija Julia  y el hombre se dedicó cuidarla,  al trabajo y hacer fortuna.
Cuando su hija huyó, profundamente herido, sumido en la ira y la tristeza, desheredó a su hija de  su corazón y sus bienes personales y  todas sus propiedades.
  Nunca más volvió a verla.
Julia colapsó,  blanca, transparente caminaba perdida por la casa, añorando la presencia de los dos hombres que más la quisieron.
Como muchas mujeres de su tiempo, no sabía trabajar, ni ser autosuficiente.
 Sólo tenía fuerzas para tomar un lápiz y escribir largas narraciones, una, de las muchas que hizo, cayó en manos de un productor radial, éste  hizo un conocido libreto de Radioteatro lacrimógeno y melodramático, que escuchaban cada mañana o cada tarde muchas de nuestras abuelas, jóvenes dueñas de casas, mujeres que no sólo les bastaba con lidiar con el machismo imperante, escaramuzas diarias,  afanes maritales y filiales, prejuicios del momento, para entretenerse con ese opio ingenioso y dramático, que eran los radio teatros, emulados hoy  por las telenovelas.
_Bastarda_ en castellano correcto, bien hablado dicho por personas educadas, duele, taladra; pero  no  es tan brutal, como cuando dicen “huacha” con insidia.
Suena más hiriente, feroz, como la persecución que le hicieran a la salida del colegio sus pequeñas compañeras y vecinas.
Correteándola, persiguiéndola, acosándola cuadras larguísimas, que le hacían cruzar casi volando la Avenida Portales, la Quinta Normal, bajar por  Avda. Matucana, hasta llegar exhausta, envuelta en una bruma húmeda, a la puerta de Matucana 39,  su casa, donde vivía con su padre y esposa,  que no era su madre, la pequeña hermana y  la  familia.
Jadeante, desesperada, golpeaba una y otra vez, la puerta, con aquella simpática manito de madera con anillo, tan peculiar y propia  en las casonas  antiguas para que abrieran rápidamente, no le importaba siquiera que llegara un reto.
Solamente quería entrar en su habitación, cerrar la puerta y  correr a  su cama, , tirar el bolsón al suelo y dar rienda suelta a la pena llorando ríos, toneladas de líquido mucoso, salino y tapar sus  oídos para aplacar el:
_ “Huacha, huacha, eres una huacha”,¡_
La Amelia  es una huacha, una huacha, la Amelia es una huacha¡_cantadito, que rompía sus oídos y le hacía latir  el  corazón como si tuviera una bomba  dentro de  él.
Todo aquello tremebundo, que no se llamaba bulling como ahora, sino prejuicios, chismes de grandes, falta de amor, de caridad, de vecinos envidiosos ante esa niña hermosa, pero desvalida. Madres que  no se daban cuenta que sus hijos pequeños escuchaban y era una forma de aplastar, barrer con la dignidad de una niña. 
Dolor que no conseguía olvidar en los amorosos brazos de su padre, que tomando las medidas concerniente en contra de las vecinas,  la abrazaba y sujetaba su mentón horas después  para consolarla:, para que lo mirara, se hundiera en sus ojos claros:
_No,  Amelita, no es cierto lo que te gritan ¡
¡Me tienes a mí y tú eres mi hija mayor,  la hija del amor. ¡
¿Escuchaste Amelita?: 
¡la hija del amor.
¡ Y hecha con amor ¡ _gesticulaba alterado, rojo de pena, de impotencia.
 ¡Recibida en mis brazos, con mis manos, con amor ¡ Amelita 

¿Pero qué sabía hace 50 años atrás una niña de 13 años,  ser hija del amor?

_¡Bastarda, bastarda , bastarda¡_como un rayo pasa por  su  psiquis “su niña interior” de aquellos años, se estremece hoy, hoy que es domingo,  cuando tiene a cuestas 68 años .
-
¡Bastarda ¡…palabra ofensiva, que la invade, la penetra.  ¿Por qué aparece?
_ ¿De nada?_
_Pero en verdad, realmente  el culpable de todo es solamente Steven Spilberg¡ 
El subconsciente y el inconsciente juegan sus propias cartas y en ese cóctel del feed-back arrollador, generado y  creado por alegrías, penas, circunstancias y ámbitos,, sabe que no es casual.
¡Nada es casual en la vida¡ 
_¡Nada¡
Ayer sábado, se dio otro  regalo “para estimular el auto cuidado” y se compró la película de A. L. , obviamente el tema principal era la 13º Enmienda sobre la Abolición de la Esclavitud”.
Mientras diseñaba cambios e hilvanaba su nueva prenda, escuchó la perorata y discursos de los enviados de diversos  estados: Nueva York, Carolina, Virginia etc.
 Lo que más la impresionó, aparte de la excelencia de los actores, los textos , el lenguaje convincente, los  hechos representativos de una historia, interpretando  la  lucha de un hombre sensible, calmo  como el Presidente y sus seguidores, frente al cúmulo de odio despiadado, abyecto, la bestialidad de la guerra, los confederados y sureños.
 Diálogos intensos crueles, acumulados en contra de seres humanos, llamados 
Bastardos o inferiores...
O por su color diferente, seres humanos que  en su patria nacieron libres y  entre cánticos y alegría cultivaban sus tierras, para terminar en otro mundo humillados, vejados, torturados, azotados, fatigados in extremo:muertos de cuerpo y alma.
Y como si fuese poco: el  director marcaba también el menosprecio por la mujer, la ironía con que se referían al  voto femenino, esa ira sin razón y porque si, avasalladora, explosiva en contra de los que sentían diferentes o hacían tambalear sus intereses.
­­-En este caso la realidad sobrepasaba la ficción-­­.
Es seguro que  por esas palabras, miradas, diálogos brutales, recordó lo que aprendió de niña en boca de aquellos que festinaban llamándoles  bastardos,  avergonzándolos en las matrículas escolares,  en los certificados de nacimiento donde se señalaba ser hijos naturales o “ilegítimos”; marcándolos  a fuego.
_¡ Ya pasó todo eso, ya no duele¡ hoy afortunadamente surgieron leyes y  todos los  hijos están en igualdad de derechos¡- exclamó para autoconvencerse.
Aliviada, cortando el hilo, rematando la costura y bajando el pié del acelerador de la  máquina de coser Remintong:
_Sin embargo aún existen sentimientos adversos, negativos, malsanos en el mundo,  van rotando  y son de diversas índoles, formas, discriminatorios y crueles, porque a pesar de las leyes creadas como protección, el hombre sigue siendo un lobo para el hombre.
 ¡Con el perdón y el respeto de los lobos que son bellas creaturas.¡
Desconecta el cordón de la Remintong, sacude la prenda, mira su bella blusa  terminada y exclama convencida:
_¡No,  si la culpa de todo es de Steven Spilberg que  remueve cenizas¡….

                                                          "END"





viernes, 1 de febrero de 2013

HASTA SIEMPRE IAN WELDEN -NECHI DORADO-ARGENTINA


Hasta siempre, Ian Welden



Preguntas repetidas cuando la poesía se viste de luto
¡Hasta siempre, Ian Welden!

Nechi Dorado

Hace un tiempo atrás cuando supe de la partida de un compañero y compatriota, poeta argentino, y como siempre me sucede en esos casos, tales alejamientos hacen que me formule preguntas que hasta el momento no pude responderme.
¿Será que me espanta eso que algunos mencionan como despedida final, otros como adiós definitivo y todos, al fin, llamamos muerte?
Me preguntaba entonces:“…hay poetas y poetas. Unos escriben muy lindo. Son los que tienen música y tienen gracia.
Pero hay otros que escriben muy fuerte y se convierten en imprescindibles.
Es por los últimos que a veces me pregunto:
¿Está bien decir murió un escritor (narrador, poeta) cuando su corazón se detiene para siempre?
Creo que no.”
Esta mañana sentí el mismo interrogante y fue cuando América Comparini, hermana chilena en la poesía y los sueños, me dio la triste noticia de que esta vez quien se alejó fue Ian Welden.
Ian es –me niego a mencionarlo en pretérito- poeta, escritor, músico, cantante, artista gráfico además de humanista. Es uno de los tantos chilenos que debió enterrar sus raíces bien  debajo de la tierra que lo viera nacer, trasladando su tronco hacia otras latitudes cuando el odio tomara forma, cuerpo e idea en su Chile natal.
Fue Dinamarca la tierra que lo recibió y allí fijó su residencia para seguir hablando de las cosas lindas que suceden pese a tanto odio enraizado y de las otras, las que no hay que callar porque estallan en las venas.
Siento mucha pena, mucho dolor, mucha bronca,  cuando toca hablar de estos alejamientos forzados,  pero hay que hacerlo. Mucho más cuando quien se aleja, como lo hizo ayer Ian, deja el recuerdo imborrable por ser de aquellos que: “…tal vez salgan a formar escaleritas con esos libros que de tan altos que los ponen, no pueden alcanzar los que andan muy por abajo”.
Ian Welden: no te digo adiós porque no te fuiste, te saludo con un ¡Hasta Siempre hermano! Seguiré rondando tus letras, recordando tus consejos: “manda tus trabajos a esta página, o a esta otra” ese empuje que no siempre nos dan porque ya sabemos que también existen quienes se creen dueños de las artes y no conocen la grandeza de la solidaridad y mucho menos la de abrir caminos.
Porque a nosotros, Ian, lo charlamos muchas veces, en este mundo donde todo se compra porque alguien puso precios hasta al arte, no son muchos los que nos van empujando suavemente.
Ian Welden se fue, me dijeron. Yo prefiero seguir sosteniendo que hay personas que nunca se van del todo, apenas se alejan un poco.
Comparto uno de sus poemas  a través del que sentí un aroma a despedida y a tristeza mucho antes de saber que se nos iba…
De pie, aquí al borde de la línea

De pie, aquí al borde de la línea
sabiendo que mañana ya no existe.
Sacos de puertas hechas triza sobre mis espaldas
y cenizas cuando finalmente entregue
todo lo que he pedido prestado.
Caminando hacia la tierra de nadie,
buscando algún sueño en mis bolsillos,
tanteando ciego el muro del atardecer
y calculando mis pérdidas en las estrellas.
Debo trepar a algún lugar donde ya estuve,
por ahí en mi alma siento la nostalgia,
voces amistosas que seguramente existieron
y vidas que tienen sentido al amanecer.
Nubes en mis manos
lluvias en mis pies
el mundo insiste en girar sin mí.
Y si el sol se atreviera a asomarse
tan sólo expondría mis pecados a la luz.
¿Dónde está mi canción?
¿Cuáles fueron los equivocados pasos
que me condujeron a este abismo?
Detenido aquí al borde de la línea final
sembrando piedras con mis dientes,
durmiendo en carcasas de viejos barcos abandonados
y mendigando besos entre las multitudes.

IAN WELDEN-PEQUEÑO HOMENAJE PARA UN GRAN HOMBRE: CHILE-AMÉRICA COMPARINI



En esta semana ha partido un gran amigo, poeta, narrador,músico,diseñador gráfico, un gran artista chileno, pero sobretodo un gran hombre, que desde Dinamarca siempre gentil, atento, encantador, solidario, nos conmovía con su forma de ser.
Hace cuatro días atrás había "conversado" por mail con Ian, cuando publiqué su cuento. Y hace dos días atrás me escribe mi querida amiga Maritza Alvarez, poeta, pintora y fotógrafa  y me cuenta por mail,, con  profundo dolor de la partida sorpresiva y repentina de Ian. a sus 64 años.
Verdaderamente, sentí que un puño de acero me golpeaba el centro del pecho quedé muy perturbada por la noticia .
_ Aunque vivimos en carpe diem y tenemos claro el concepto de la fragilidad  de la vida, uno nunca piensa que los amigos de repente parten, e incluso le comenté a Ian, que me enviara un cuento todos los meses._
_¡Yo sentía a Ian siempre presente, siempre "ahí," disponible siempre para los amigos, para la poesía, para el arte: lo sentía para rato largo_
¡Uno siempre contaba con él y siempre llegaba su palabra oportuna, aunque uno estuviese replegada _
_¡Será muy difícil no sentirlo_
¡Qué ganas de abrazar a sus hijas que tanto amaba y reconfortarlas¡ ¡Qué ganas de abrazar a todos los que amaba y manifestarle que la poesía está de duelo, que todos estamos de duelo por sus partida¡..pero también que "nuestro" de "todos Ian, puede estar donde él deseé y cruzar mares y fronteras libremente. 
 Amigo,Ian , las palabras no alcanzan a dimensionar o expresar el sentimiento, como decía Ernesto Che Guevara, porque hoy las palabras están contreñidas por la tristeza, el asombro, pero te extrañaremos amigo: demasiado...
¡Ahora vuelas alto y lo más probable que ya cruzarte tu Cordillera de Los Andes ,viniste a reencontrarte con tu Chile, a recorrer esos lugares donde habitaba tu nostalgia, a estrechar con tu alma a los que amabas en tu tierra y a los que te amaban, querido Ian¡¡
http://milagroswelden.blogspot.com.ar

lunes, 28 de enero de 2013

CARLOS ÓRDENES PINCHEIRA "MORIR O CANTAR" -NICUENTOS-CHILE



Tu cuento. América, lo es una ruptu al cuento: son Nicuentos...

Carlos Ordenes Pincheira

MORIR O CANTAR

Nicuento

Hace frío. Aunque la noche invita a la ensoñación, allá arriba, los astros son helados y la luz
cae confundida con la escarcha.

Tirado en el barro me estremezco. Un pájaro grazna sobre mi cabeza. Canto agorero, presagio
de algo imprevisible, quizá un derrumbe de terrones secos. O la sombra empedernida en que yaceré.
´
Inmovilizado por tantas heridas, sólo puedo mover los ojos, el mundo es como una carpa de circo,
azulada, cuajada de hielo. En mis oídos, las hijas susurran cánticos fúnebres. Moriré. Y no lloro ni
gimo. Estoy asumiendo mi partida con serenidad. Hasta me gustaría cantar mi
último tango, ese que siempre le dedicaba a Carmen. “dejame que te diga despacito, bomboncito,
bomboncito, dueña de mi corazón...”

Hace ya mucho que la sangre dejó de manar. Me siento próximo al desvanecimiento.Dos leopardos se acercan... me miran casi con desprecio y se van...Todo me duele. Cierro los ojos. Creo que así debería esperar el último minuto, ese que talvez me lleve a un cielo distinto a los que que conozco.

No puedo dejar de mirar esta inmensa carpa azul salpicada de remaches plateados. Quisiera que ella
estuviera acá, pusiera su mano sobre mi frente disgregada por el dolor. Tengo sueño bajo los
párpados y la veo sonreír mientras camina hacia la estación...

No sé si habré dormido un minuto o dos horas. Me sentía como abandonado en un baño turco. Y una sensación de caer, caer hacia el fondo de un pozo oscuro, poblado de fauces abiertas.. Al abrir los ojos, una gota de espanto recorre mi piel, a
sacude mis raíces. Frente a mi una figura fantasmal. No parece real. Pestañeo. Es un hombre de mirar suave. Nunca lo he visto antes:viste ropas de otro siglo. Parece un espadachín. No sé por qué le digo que se vaya.
-¡Levántate!--es una voz autoritaria- ¡Nada eres si continúas en el lodo! ¿Levántate...!

-Estoy herido de gravedad -casi susurro- ¿Sabe? He perdido un río de sangre...
El ve mis heridas. Se ríe.

-¡Es nada! ¡Nada! ¡No son tus enemigos los que te dejaron así! ¡Fuiste tú!
-¿Y la sangre, la inventé? ¿Y los cuchillos hundidos en mi cuerpo?
-¡Son tuyos!

-¿Míos? Yo no he clavado ese acero en mi abdomen... ¿Lo hice yo mismo?

El hombre me exige que lo siga. No puedo moverme, estoy pegado al barro y se ha secado copn mi sangre. No puedo. No. Quiero enmudecer aquí. No hay ya horizonte. Todo está perdido...

-Es la hora! ¡Debes levantarte y caminar!

El hombre de otro siglo se ve decepcionado ante mi resistencia. Empieza a correr, a
desaparecer, poco a poco.

-¡Sígueme...!
Miro hacia la distancia, el hombre está ya muy lejos. Hago un nuevo esfuerzo, crujen mis huesos, aunque y no me duelen tanto. ¡Lo alcanzaré! Con gran dificultad empiezo a caminar, luego a correr...
deberé alcanzarlo antes que desaparezca...

Carlos Ordenes Pincheira