viernes, 25 de enero de 2013

"EL CABALLERO DE LOS 8 LIRIOS BLANCOS Y UNA FLOR DE LIS" AMÉRICA COMPARINI-CHILE










 No era hombre, sino el antiguo fantasma de un caballero andante, que 
brincaba por los techos de la ciudad en su corcel negro; no portaba el Santo Grial en sus manos, sino un copón de plata, desbordado de vapores, surgidos de sus propias lágrimas y recubierto de rubíes, que no eran otra cosas que ellas empañadas y petrificadas.


Ese fantasma, que a ratos se convertía en hombre, era el melancólico Caballero que portaba en su escudo 8 lirios blancos y una pequeña flor de Lis...blanco de barba y cabellos, desafiando sus propios temores me visitó un atardecer.


Portaba sandalias azules. Me sorprendió eso en su vestimenta, pero al fijarme más detenidamente, según sus intenciones cambiaban de color,.
Si hablaba de la guerra ellas se encendían, como heridos pechos de loicas, si gruñía se transformaban en negras, si su voz era dulce y esperanzadora, se volvían esmeraldas, si sentía el deseo fuerte de la poesía, azules, hasta llegar nuevamente a mimetizarse plateado, porque su vestimenta y todo en él era de ese color...
Dicen que venía de lejanas tierras, de aquella de 14 pasos adelante y 14 pasos atrás, de bosques repletos de druidas y ninfas que danzaban al amanecer...de caballeros rudos, que reían estrepitosamente , besaban a sus novias con la boca repleta de cerveza y venados, pero se jugaban la vida por cosas que consideraban del honor.


Cuentan, que este esbelto caballero , se descolgaba por las ventanas de las damas , plañendo sus lamentos de amor, para conquistar y cautivar su corazón de y luego retomar su camino : partir., como si jamás las hubiera conocido.


Un día, por esas cosas del destino, lo divisé en las páginas de un libro, que habitaba desde hace siglos en un estante de mi biblioteca...desde allí me hizo señales y me instó a buscarlo en la faz de la tierra.
Cosa, que para mi no fue difícil, ya que entraba y salía de los libros con una asombrosa facilidad, también a ratos, cuando mis preguntas eran demasiado íntimas y yo me volvía tediosa, el se transformaba en pez, un pez que yo trataba de coger, pero era imposible, escapaba como si mis manos fueran jabonosas, y mostraba unas aletas transparentes de diferentes formas y colores.
Eso en él me angustiaba, yo quería sujetarlo con mis manos, no para que perdiera su libertad, sino que para contemplar sus extraños visos y acariciarlo, porque en sus ojos pequeños había tanta necesidad de amor ..En realidad eso no era cierto, sino mi febril imaginación...
Y una tarde de equinoccio de verano,  lo vi avanzar con paso ligero por las faldas de la montaña cercana a mi hogar, en medio de eucaliptos, maitenes y aromáticas yerbas buenas. Me hizo señales con su mano derecha, la que tenía 6 dedos, que mas que dedos, parecía un ramo de adioses..
Intrigada , acogí su compañía y escuché por primera vez, las voces que hilvanaban sus labios bajo la armadura , eran voces dolientes, que hablaban de versos y contaban historias de mujeres tan profundamente amadas
y aunque los dioses, que se encontraban atónitos a mis espaldas , por mi actitud tan inadecuada, para una dama tan protegida en su castillo, lleno de barrotes y puente levadizo, me gritaban:
_ ¡Cuidado¡
Desobedeciendo a sus ruegos , pese a todo, tenté a los protectores de mi aura , y me dejé llevar por sus palabras y di paso a la madre-mujer conmovida ...y me engañé a mi misma pensando que lo encantaría, no con mis encantos poéticos y juglarescos , sino con los brebajes del amor.
Pero no pude, porque a ambos nos penaban los recuerdos y se reían con estridentes risas y carcajadas violentas, en la habitación, cuando desenfundó su espada y cortó los dos pabilos que ataban mi vestimenta.


Lo miré con mis traslúcidos ojos, él me dijo que eran hermosos y del color de la aguas del lago.
Puse mi mano sobre mi pecho, para compartir mi corazón con el suyo, pero el músculo ya no estaba allí.
 Vano intento, sólo había dejado un espacio inmenso : había muerto de tanto llorar.
Y aunque él nunca lo supo, en ese momento, en ese preciso momento, yo sentí deseos de amarlo y tuve grandes sentimientos de ternura...
hasta me convertí en un hada madrina y busqué doncellas para encantarlo, pero resultaron que no eran doncellas y tampoco quisieron encantarlo.


Sin embargo yo persistía en sacarlo de la tristeza, porque, en carne propia conocía el dolor del desamor y por esas locas cosas inexplicables... y si, que nos ocurren a las mujeres, su voz, no me era en absoluto ajena y usó palabras claves y perturbadoras que como enredaderas, habitaron en mi corazón, extendí mis manos y sacudí, como si fue una carpeta bordada con agujas de plata e hilos de colores, mis propios dolores.
Dancé por los techos de la ciudad, aledaños a los castillos viejos, donde se reunían los juglares con sus cítaras, los arlequines con sus arpas, los centauros con sus flautas y las ninfas con sutiles vestidos de gasas blancas a danzar. Dancé hasta quedar exhausta y pedirle a lo dioses , que se abrieran los cielos, escaparan las nubes negras y el sol volviera a salir en mi vida.
Descolgada en mi ventana, embriagada del perfume de los jazmines y el cedrón, que cual cabelleras caían suavemente por el balcón y perfumaban la tarde, invadiendo la calle con sus tentáculos dulces, escapé de mi pequeño jardín y abrí temblando de par en par las pesadas puertas y dejé que ese atardecer del día número 30, el Caballero de la Flor de Lis, entrara a mi lar, y que los besos fluyeran como por encanto y se esparcieran por todo el lugar llenándolo de amor.
Aromé de primaveras el salón y la alcoba , encendí los cirios de los candelabros y le dije en susurros pegada a su boca y sin que él me escuchara :

Déjame deslizarme 
orillarme por tu vida
bordear tus horas
llenarlas de soles
para que puedas aromar nuevamente a rosas......

Ese atardecer, que él desconocido, el extranjero caballero, corrió con su alazán plateado casi rozando las azoteas del vecindario , se apagó el sol, tronaron los cielos, se encendieron los relámpagos que ocultos veraneaban en las faldas voluptuosas de las nubes, nubes caprichosas, dejaron a sus amantes y se fueron corriendo veloces tras el Caballero de la Flor de Lis, celosas iban a detenerlo cuando llegó a golpear mi ventana ,.
Inconsciente de mis actos y cautivada por sus cantos, su voz y su mirada, extendí los brazos temblorosos con ternura para recibirlo, y en un acto amoroso tomé su corazón y lo puse junto al mío, pero pasadas algunas horas, después de los consabidos besos y las horas de placer, al palpar nuevamente su pecho, me di cuenta que ya no existía y había un hueco más profundo que el mió.
Mirándome tristemente me dijo:
"_Lo siento bella señora de los ojos traslúcidos como el agua de los lagos, no puedo amarla, tengo el corazón deshecho. Se lo llevó todo ella..."

Esa noche me dormí con el alma extrañamente confundida, metida hacia adentro, dispuesta a esperar su retorno, a sabiendas que era imposible. Conclusión que me llegó luego de verlo galopando hacia las estrellas, escapando como huracán perdido en las nubes negras. Y se había vuelto nuevamente todo oscuro, como oscuro era todo en él.
Sentí tanto miedo, que su color me invadiera, contaminara mi alma y sellara mi risa, apagara la armonía de mi arco iris. Si eso sucediera, me repetía a modo de consuelo, deberé escapar a prisa de él.
Me dormí en la cama aún tibia por su presencia y sintiendo su olor en mi almohada...y su sombra a mi costado.


Cuando desperté, era la mañana, un rayo de luz se insinuaba por el cortinaje, las aves cantaban en los árboles y una caja extraña, encantada, pequeña, reflejaba personas.
 Una voz extraña repetía:
" las 7.30 de la mañana hora de levantarse. Hora de levantarse..."

Levanté la cabeza sin comprender nada, miré las paredes de la habitación, en una de ellas  había un cuadro de Marilyn Monroe, una mesita de noche, un jarro  repleto de tulipanes, la cómoda y el secreter con los cofrecitos pequeños con joyas y colgantes, la puerta del closet entreabierta, mostrando mi chaqueta marrón, mi perra roncando a mi lado.

El reloj alarma seguía repitiendo "las 7.35 hora de levantarse, hora de levantarse"....

Era todo tan incomprensible: la habitación era otra, no había salón ni vestidos antiguos, no había armadura, caballo alazán.
Sino Siglo 21, sólo obligaciones, trabajo sólo hasta mediodía.

De un salto me senté en la cama y comprendí que el Caballero que portaba un escudo con 8 lirios blanco y una pequeña flor de lis, nunca existió, me palpé el pecho para ver si tenía corazón..y el músculo cardiaco contestaba sincopadamente: aquí estoy..aquí estoy"..


Todo no había sido más que un sueño. Algo absolutamente irreal,completamente surrealista la conversación, las imágenes , sus manos, su boca y la mía repitiendo :¡ qué placer...qué placer¡


Un bostezo políticamente correcto se deslizó por el dormitorio, con un pequeño escalofrío extendí los brazos hacia arriba, los bajé y me puse las pantuflas , la bata, tomé los acostumbrados 3 fármacos matutinos .


Dejé correr el agua sobre la tina y ya adentro de la ducha, mientras el agua corría por mi cabello y el shampoo, se metía en mis ojos, dejé escapar un sollozo...y sin darme cuente dije­

­_ ¡Yo quería que fuera cierto.¡..Talvez cansada de llorar ausencias,
de saber que el  amor perdido ya nunca más volverá.


Salí de la tina, temblando me envolví en la toalla llena de flores y me puse otra en la cabeza, y me fui al dormitorio, la Iglesia de la Merced tocaba su octava campanada ya.


Al agachar la cabeza y quitarme la toalla para secarme el cabello, con el movimiento, se voló una hoja que estaba sobre mi velador y que no había visto, pensando que era alguna cuenta , la tomé , y cayeron al suelo 8 pequeños lirios blancos y una azul flor de lis.

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