jueves, 14 de febrero de 2013

-"POR CULPA DE STEVEN SPILBERG"- AMÉRICA COMPARINI CHILE




“Por culpa de  Steven Spilberg”


El sonido del motor  zumba e inunda la habitación,
 A cabeza gacha, aprieta fuerte el pié en el acelerador de su vieja máquina de coser Remintong y deja correr rauda  la aguja,  marcando un precioso y  perfecto zig-zag  morado sobre la tela color lila,
_¡Color transmutador”¡_según su Maestra de Reiki.
_Ah ¡ _
Suspirado desde lo más  profundo y asociado, a que  sea la razón,   porque la iglesia, los obispos lo usaban.
 El color del duelo¡ color  que volvía  tenebroso aquellos hábitos colgados a los santos el año 56  los  días de Semana Santa en la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús.
 _Tres días, empezando por el jueves santo  que se guardaba silencio; además la carne  del viernes era prohibida y se contaban miles de historias ejemplificadoras como pagaban su irreverencia los sacrílegos._ 
_¡Los pobres estaban en penitencia eterna¡._
"Jesús y el calvario, se conjugaban en un ceremonial tétrico que asustaba a los niños y hacía apretar con más fuerzas el rosario a las beatas, reprimidas hasta la saciedad, cegadas por dogmas intimidatorios, cuya finalidad era tener a la gente sometida por el terror y no ser, o a ser como aquellas velas gastadas, lagrimeando una gota contrahecha de sebo, para morir solas y desfallecidas en la penumbra, soñando ser bellas lámparas iluminando rostros de  hijos,  de familia hermosa y respirar boca a boca  la sonrisa, los labios de un compañero,  que las hiciera sentir plenas, en el  fabuloso acto de amar."
Mientras apretaba con más fuerza el acelerador de la máquina, los pensamientos rodaban a la par y  crecía un monólogo con preguntas y respuestas infinitas.  
_El amor no es así, nacimos, fuimos creados  para florecer¡
El creador no quiere sacrificios absurdos: "amaos los unos a los otros "como yo os he amado¡
_¡Qué más claro?, los otros son puros cuentos de los barrigones religiosos, que cambiaron la castidad por la gula ¡_
 Expresó convincente, quitándose el alfiler de la boca.
Su  fiel  perra Coca, única compañía, en este devenir de adulta mayor, levantaba una oreja y  le movía el  pellizco de rabo, solidarizando a  su manera.
Amelia, modernizaba una falda,  ropa femenina  que agregaría a su abundante guardarropa de verano, para lucir cuando iba a trabajar diariamente, al corazón de la ciudad, única frivolidad, que aún le  quedaba.
Era hermosa la prenda y  la adquirió en la Feria de su barrio.
Se  la mostró y vendió Estrellita, mujer, luchadora, que conoció hace más de 15 años, con sus dos hijos colgando a la cintura, en un puesto chiquito en la feria y hoy más grande, surtido, festejando orgullosa cuando le  muestra su primer nieto y llega el beso en la  mejilla de su hijo grande, crecido, titulado gracias a puro ñeque y esfuerzo...ahora viajando a Francia a perfeccionarse.
 Atenta, Estrella encantadora, dueña de una ancha y  amorosa sonrisa, que la acompaña siempre, al igual que el cigarrillo en su mano izquierda,  porque la derecha debe estar libre para atender a las clientas y correr rauda moviendo los ganchos y mostrando la mercadería.
Ella es su proveedora de múltiples prendas made in USA,  India,  Hong Kong, Guatemala, Escocia, Uruguay, Francia, Italia,  Singapur y otros  nombres que no recuerda, cientos de países que nunca visitará, pero que sin saberlo, la han adoptado, como una adicta, afición heredada de ese hombre que durante 19 años de su vida, con algunos saltos temporales, fue su compañero, cuasi padre de su hija  y su gran amor. El que sigue  recordando a través de los años, a pesar que la  abandonó  múltiples veces y la hacía sentir desechable.
"_¡Claro él era como aquel  personaje de García Márquez, que golpeaba con su anillo la puerta, llamándola reina y desbaratando en un segundo su vida, él que era como una nave caprichosa, que aparecía en su puerto, a ratos esplendorosa, cautivadora y luego huía,  silenciosamente, sin que ella se diera cuenta dándole un golpe de gracia a su corazón."
_¡Seguro que lo conocí en otra vida,_
_ Estoy curada de espanto con él cómo lo sigo amando y recibiendo en mi casa¡_

_O tavez amando su creación, su retórica, su habilidad para interesarla en los cuentos que le contaba , como Excalibur  y el Caballero alado,  narrado una tarde de invierno, frente a la pequeña plazoleta y la fuente inagotable, o su poesía que hablaba del amor mutuo, aunque  ella ponía en duda de su parte….pero  Ël era su sino, su condena inevitable, pese a todos sus raciocinios… farfullaba con un alfiler en la boca

Recordaba las compras de ropa usada, ese vicio que les  llevaba a recorrer  continuamente la calle Bandera de punta a rabo, y llegar a su nido de amor, exhaustos y felices con una bolsa repleta de  trajes, blusas, camisas, pantalones, chaquetas, chalecos, prendas íntimas, etcétera, confeccionadas en bellas telas, botones, accesorios únicos, bordados, encajes, de hermosos colores, que la invitaban a   desfilar para él, en el living de su casa, transformado en una pasarela, mostrándole las tenidas que formaba, o soñando  las lucirían en tal o cual evento,  en Bellas Artes, alguna Embajada, lugares de la Cultura donde se reunían y disfrutaban juntos, gracias a que él era Director Cultural de un Banco. donde asistían, viéndose estilosos, elegantes con atuendos irrepetibles, nuevos, pero ya usados en su país de origen, por sabe quién similar, homónimo a ellos.
_¡ Dios si que éramos  felices con tan poco,¡ 
Como si visitaran  o fueran las tiendas más elegantes de Nueva York, de París, de  Italia..¡
Entonces era la maravillosa complicidad, el cariño que chorreaba, "eso" que jamás pudo vivir con nadie..
-¿Pero cómo él olvidó todo?_ exclamó limpiándose una lágrima irreverente que corría por su cara y casi tragándose el alfiler.
Luego miró divertida a su perra que roncaba.
Esta abrió un ojo y le dio una mirada de extrañeza, no se explicaba, por qué interrumpía  su sueño, con sus conversaciones tan humanas, acaso no le parecía poco el ruido que hacía con la máquina, sobretodo cuando los fantasmas del pasado la abrumaban. ..
"Por qué ella no era como su raza, que se conformaban con un plato de comida y un poco de ternura y cuando se apareaban lo hacían con cualquiera y luego se desentendían?: los humanos  eran complicados."
Se acomodó, en la alfombra con un pequeño quejido y trató de seguir durmiendo, pero Amelia seguía con su vorágine de recuerdos, palabras de un monólogo fuerte que arremetían, retumbando de pronto en su cabeza y no sabía a pito de qué.
Y de pronto recordó
¡Bastarda, bastarda¡_
¡esa palabra, esa desafortunada  palabra¡  
 ¡Por qué recordó?:
El ruido del motor de la máquina de coser no aplacaba los recuerdos, ni la famosa palabrita.
Calificativo, expresión, que estranguló su corazón, que le perforó el centro del pecho, que  le dolió  tan fuertemente y  que la acompañó toda  la infancia:
Como aquella tarde que el tío más serio, el de los ojos azules, el séptimo hermano, séptima huella, séptimo sello de  aquella familia italiana, exclamara furioso dirigiéndose a su padre:
_¡Cásate “ahora” para que no hayan  más bastardos en la familia¡-
Los “otros bastardos” eran  su prima hermana Antonia y ella…hijas de dos mujeres que amaron con locura a los hermanos, “los gringos”, como les llamaban los vecinos.
 Mujeres leales y apasionadas, con las pretinas bien puestas y que si sabían amar, adelantadas a los prejuicios de la época, cuyos pergaminos requeridos eran insuficientes, para el calificativo de “buena familia”, que en verdad tenía que ver más con el dinero que el linaje o la educación..
  Como bien dicen: la vida es un pañuelo y la diosa  o la rueda de la fortuna es caprichosa.
 Curiosamente, Ruth una de las madres de  las bastardas, era enfermera y  hermana de un  esforzado estudiante universitario, que llegó a ser  abogado y Subsecretario del Interior, hombre de confianza de un  gran presidente de Chile.
Y muy  frecuentemente visto 30 años después en la televisión.
 Y la otra madre Elena, era la suya, hija de un profesor de sordomudos y concertista en diversos instrumentos, provinciano que abandonó sus tierras en San Vicente de Tagua Tagua y huyó a Talagante, después de  robar y casar con su abuela Julia,  joven delicada y dedicada a la poesía y al cuento, que conoció en Santiago mientras estudiaba en la Escuela Normal, subiéndose a la pandereta o muralla de su casa, fascinado por su voz,
Elena la segunda hija, y se hizo cargo a muy temprana edad, de  sus 4 hermanos menores, cuando falleció  el padre a los 42 años.
Su  madre enajenada por la  pérdida del compañero, deambulaba por la casa en camisón como un fantasma o simplemente pasaba largas horas tirada sobre la cama contemplando  el techo, absolutamente ausente de la realidad, mientras sus hijos lloraban, extrañaban al padre amante, o necesitaban cuidados mayores..
Su abuela Julia, fue la hija única de Pierre Y. un joven vasco francés, que llegó en un barco de Europa, al Puerto de Valparaíso, cuya peste diezmó a muchas y a toda su familia
 Su mayor tesoro era Julieta, su joven esposa chilena, la  que  mitigó la pérdida de su familia, alegró sus primeros años de arribo al país, país de las nuevas oportunidades, pero que  murió al nacer su hija Julia  y el hombre se dedicó cuidarla,  al trabajo y hacer fortuna.
Cuando su hija huyó, profundamente herido, sumido en la ira y la tristeza, desheredó a su hija de  su corazón y sus bienes personales y  todas sus propiedades.
  Nunca más volvió a verla.
Julia colapsó,  blanca, transparente caminaba perdida por la casa, añorando la presencia de los dos hombres que más la quisieron.
Como muchas mujeres de su tiempo, no sabía trabajar, ni ser autosuficiente.
 Sólo tenía fuerzas para tomar un lápiz y escribir largas narraciones, una, de las muchas que hizo, cayó en manos de un productor radial, éste  hizo un conocido libreto de Radioteatro lacrimógeno y melodramático, que escuchaban cada mañana o cada tarde muchas de nuestras abuelas, jóvenes dueñas de casas, mujeres que no sólo les bastaba con lidiar con el machismo imperante, escaramuzas diarias,  afanes maritales y filiales, prejuicios del momento, para entretenerse con ese opio ingenioso y dramático, que eran los radio teatros, emulados hoy  por las telenovelas.
_Bastarda_ en castellano correcto, bien hablado dicho por personas educadas, duele, taladra; pero  no  es tan brutal, como cuando dicen “huacha” con insidia.
Suena más hiriente, feroz, como la persecución que le hicieran a la salida del colegio sus pequeñas compañeras y vecinas.
Correteándola, persiguiéndola, acosándola cuadras larguísimas, que le hacían cruzar casi volando la Avenida Portales, la Quinta Normal, bajar por  Avda. Matucana, hasta llegar exhausta, envuelta en una bruma húmeda, a la puerta de Matucana 39,  su casa, donde vivía con su padre y esposa,  que no era su madre, la pequeña hermana y  la  familia.
Jadeante, desesperada, golpeaba una y otra vez, la puerta, con aquella simpática manito de madera con anillo, tan peculiar y propia  en las casonas  antiguas para que abrieran rápidamente, no le importaba siquiera que llegara un reto.
Solamente quería entrar en su habitación, cerrar la puerta y  correr a  su cama, , tirar el bolsón al suelo y dar rienda suelta a la pena llorando ríos, toneladas de líquido mucoso, salino y tapar sus  oídos para aplacar el:
_ “Huacha, huacha, eres una huacha”,¡_
La Amelia  es una huacha, una huacha, la Amelia es una huacha¡_cantadito, que rompía sus oídos y le hacía latir  el  corazón como si tuviera una bomba  dentro de  él.
Todo aquello tremebundo, que no se llamaba bulling como ahora, sino prejuicios, chismes de grandes, falta de amor, de caridad, de vecinos envidiosos ante esa niña hermosa, pero desvalida. Madres que  no se daban cuenta que sus hijos pequeños escuchaban y era una forma de aplastar, barrer con la dignidad de una niña. 
Dolor que no conseguía olvidar en los amorosos brazos de su padre, que tomando las medidas concerniente en contra de las vecinas,  la abrazaba y sujetaba su mentón horas después  para consolarla:, para que lo mirara, se hundiera en sus ojos claros:
_No,  Amelita, no es cierto lo que te gritan ¡
¡Me tienes a mí y tú eres mi hija mayor,  la hija del amor. ¡
¿Escuchaste Amelita?: 
¡la hija del amor.
¡ Y hecha con amor ¡ _gesticulaba alterado, rojo de pena, de impotencia.
 ¡Recibida en mis brazos, con mis manos, con amor ¡ Amelita 

¿Pero qué sabía hace 50 años atrás una niña de 13 años,  ser hija del amor?

_¡Bastarda, bastarda , bastarda¡_como un rayo pasa por  su  psiquis “su niña interior” de aquellos años, se estremece hoy, hoy que es domingo,  cuando tiene a cuestas 68 años .
-
¡Bastarda ¡…palabra ofensiva, que la invade, la penetra.  ¿Por qué aparece?
_ ¿De nada?_
_Pero en verdad, realmente  el culpable de todo es solamente Steven Spilberg¡ 
El subconsciente y el inconsciente juegan sus propias cartas y en ese cóctel del feed-back arrollador, generado y  creado por alegrías, penas, circunstancias y ámbitos,, sabe que no es casual.
¡Nada es casual en la vida¡ 
_¡Nada¡
Ayer sábado, se dio otro  regalo “para estimular el auto cuidado” y se compró la película de A. L. , obviamente el tema principal era la 13º Enmienda sobre la Abolición de la Esclavitud”.
Mientras diseñaba cambios e hilvanaba su nueva prenda, escuchó la perorata y discursos de los enviados de diversos  estados: Nueva York, Carolina, Virginia etc.
 Lo que más la impresionó, aparte de la excelencia de los actores, los textos , el lenguaje convincente, los  hechos representativos de una historia, interpretando  la  lucha de un hombre sensible, calmo  como el Presidente y sus seguidores, frente al cúmulo de odio despiadado, abyecto, la bestialidad de la guerra, los confederados y sureños.
 Diálogos intensos crueles, acumulados en contra de seres humanos, llamados 
Bastardos o inferiores...
O por su color diferente, seres humanos que  en su patria nacieron libres y  entre cánticos y alegría cultivaban sus tierras, para terminar en otro mundo humillados, vejados, torturados, azotados, fatigados in extremo:muertos de cuerpo y alma.
Y como si fuese poco: el  director marcaba también el menosprecio por la mujer, la ironía con que se referían al  voto femenino, esa ira sin razón y porque si, avasalladora, explosiva en contra de los que sentían diferentes o hacían tambalear sus intereses.
­­-En este caso la realidad sobrepasaba la ficción-­­.
Es seguro que  por esas palabras, miradas, diálogos brutales, recordó lo que aprendió de niña en boca de aquellos que festinaban llamándoles  bastardos,  avergonzándolos en las matrículas escolares,  en los certificados de nacimiento donde se señalaba ser hijos naturales o “ilegítimos”; marcándolos  a fuego.
_¡ Ya pasó todo eso, ya no duele¡ hoy afortunadamente surgieron leyes y  todos los  hijos están en igualdad de derechos¡- exclamó para autoconvencerse.
Aliviada, cortando el hilo, rematando la costura y bajando el pié del acelerador de la  máquina de coser Remintong:
_Sin embargo aún existen sentimientos adversos, negativos, malsanos en el mundo,  van rotando  y son de diversas índoles, formas, discriminatorios y crueles, porque a pesar de las leyes creadas como protección, el hombre sigue siendo un lobo para el hombre.
 ¡Con el perdón y el respeto de los lobos que son bellas creaturas.¡
Desconecta el cordón de la Remintong, sacude la prenda, mira su bella blusa  terminada y exclama convencida:
_¡No,  si la culpa de todo es de Steven Spilberg que  remueve cenizas¡….

                                                          "END"





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