De profunda humanidad y religiosidad , al igual que su hermana Angelita, también
casada y madre de dos hijos, son las retoños de mi hermana menor Elizabeth y nietas muy queridas por mi madre, de quien heredaron la fe.
Ellas me han regalado unos cánticos o alabanzas evangélicas muy hermosas.
Debo agregar que las dos, son " las mensajeras oficiales y quienes oran " por mis solicitudes de plegarias dirigidas al Padre, pro_sanación enfermos y afligidos. Suelen cada cierto tiempo venir a mi casa y hacer con sus manos religiosas imposiciones y oraciones sobre mi cuerpo y alma.
Similar es a la Terapia del Reiki .
Además me hace rememorar ciertos pasajes y
planteamientos del británico Desmond Morris, en su fascinante libro "El mono desnudo".
Morris connotado zoológo, otólogo y pintor, que se ha investigado como actúa la conducta animal y su consecuencia frente al devenir de la conducta humana.
Al escuchar el regalo de estas canciones sagradas, de inmediato me estremezco e invade una profunda emoción. Tremolante mi alma se dulcifica y abre todas las compuertas a los recuerdos y me retrotráe a mi más tierna infancia.
En ese instante mágico, pienso cuánta razón tenía el escritor y filósofo francés Marcel Proust ,cuando se refiere a "La memoria involuntaria".
Según Proust, los sentidos pueden desencadenar recuerdos y emociones que estaban dormidos en nuestra memoria.
Y describe cómo un aroma, un sonido o un objeto pueden transportarnos instantáneamente al pasado y hacernos recordar experiencias y emociones que creíamos olvidadas. Esto se debe a que los sentidos están estrechamente ligados a la memoria emocional y pueden activar recuerdos que estaban almacenados en nuestro cerebro.
Aromas, sonidos, sabores, palabras, situaciones, desencadenan una avalancha de recuerdos y emociones
Los sentidos son la clave , la llave maestra para acceder a la memoria profunda.
Los recuerdos más vívidos y emocionales son aquellos que están ligados a los sentidos. Esto se debe a que los sentidos están en estrecha unión con el cerebro emocional, y pueden activar recuerdos guardados , aparentemente dormidos u olvidados.
La idea de "La memoria involuntaria de Proust" se puede ver y sentir en muchos aspectos de la vida real y cotidiana.
Como por ejemplo, cuando esa música , esos cantos o alabanzas evangélicas, me transportan y me llenan de imagenes fuertes , poderosas.
Cierro los ojos y entro a un pasado lejano y me veo como una niña pequeña que caminaba de la mano de mi madre y de Juanito mi hermano de nueve años.
Los tres unidos, enlazados fuertemente por el amor, la sangre y la fé en medio de una procesión , rodeados de muchas personas religiosas que avanzaban fervorosamente por las calles , con voces diversas, heterogéneas que se elevaban cantando,
acompañadas de un coro de mandolinas.
Instrumentos sublimes que llenaban el aire de una melodía hermosa y vibrante.
Arpegios para alabar al creador, que mi madre con su suavidad y fe profunda a toda prueba, cantaba junto a mi hermano pequeño.
Imagino y creo, que muchas veces, nos llevó a este mágico ritual, porque quedó grabado a fuego en mi subconsciente y a pesar que el destino nos separó y viví con ellos dos solo hasta la edad de 1 año y medio, los cánticos y las mandolinas me retrotraen y me llevan a tan dulces añoranzas.
A tal nivel de profundidad que vuelvo a vivir , más bien a revivir ese instante en que solo existíamos nosotros tres cogidos de las manos como un nudo o vínculo poderoso en medio de ese mar de personas religiosas que sin miedos, ni prejuicios, mostraban su amor _fé por las calles alabando al Padre creador.
Proust tenía razón, mucha razón !!!....
Hoy cuando la vida, los años han transcurrido inexorablemente y de pronto o de vez en cuando me hace zancadillas feroces, la música , los cánticos de los fieles, sumado al recuerdo entrañable que traen las mandolinas y las voces sagradas , hacen que vuelva los ojos al cielo y sienta que en ese halo de fe de mi madre en el pasado, vuelve y me acompaña en el presente .
Su imagen querida , su ternura inacabable y nunca olvidada, me hace resistir los embates diarios.
Sobre todo cuando la soledad golpea fuerte y es sinónimo de ausencias filiales.
Entonces al son de esa canción
"Tú eres la calma", vuelvo a sentir su mano tierna y a la vez fuerte, que toma la mía y me dice : " Estoy aqui mi amor y
Él está contigo : no temas no hay soledad ni abandono!...
Fotografía: Crédito a quien corresponda.